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Reflexiones en torno al nacionalismo

 


Carmen GALLASTEGI

(Catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la UPV)

El nacionalismo como opción personal, cultural y política

   De entre las distintas acepciones del término nacionalismo a la que me voy a referir en primer lugar es la que más me gusta, la que define al nacionalismo como, nada más ni nada menos, que el amor o apego a las cosas de la propia nación y a cuanto le pertenece.

   Con esta definición tan amplia es evidente que caben distintos posicionamientos pues se puede amar o tener apego a los valores, tradiciones y características de la propia nación de distintas formas y maneras. Así, hay quien ama con ternura, quien lo hace con pasión, quien mantiene posiciones excesivamente posesivas o quien sólo pretender obtener beneficios que le son propios. Pero el amor siempre tiene más de positivo que de negativo, más de generosidad que de egoísmo y más de amabilidad que de intransigencia. De ahí que, en lo personal e individual, el nacionalismo no precise, al menos para mí, de justificación alguna.

  Desde un punto de vista cultural, el nacionalismo puede ser formidable; enriquece al individuo, permite conocer los propios valores y permite también abrirse al mundo conociendo las propias raíces. La universalidad no puede conseguirse sin el arraigo a lo que a uno le es propio y el nacionalismo cultural tiene esa gran virtud. De la misma forma que las personas son tanto más capaces de asumir riesgos y tanto más dispuestas a moverse cuanto más seguro tengan el apoyo y el retorno al ambiente familiar también a nivel social el papel de la familia ampliada, de los valores culturales al que uno pertenece, pueden jugar el mismo papel.

   No es, sin embargo, en este campo donde normalmente se mantiene la discusión en torno a las bondades del pensamiento nacionalista; la mayor parte de las veces las referencias al nacionalismo provienen de la perspectiva política y hay muchas voces que lo relacionan sólo con aspectos negativos. Y sin embargo ¿cómo es posible que nadie catalogue al nacionalismo como intrínsecamente negativo, insolidario o regresivo si sus materializaciones dependen crucialmente del momento histórico y de su concreción práctica?

  Nadie duda a estas alturas del siglo que las sociedades contemporáneas se han convertido en sociedades particularmente complejas donde se están produciendo fenómenos, para algunos paradójicos, como la globalización y la explosión de sentimientos nacionalistas. Nada de paradójico hay en ello si atendemos al hecho de que si algo distingue a las sociedades de hoy es su dinamismo y aunque sin duda conviene mirar al pasado para aprender de la historia, resulta también certero intentar adivinar el futuro para poder tomar decisiones correctas en el presente. Y para poder hacerlo es necesario definir con precisión la función objetivo a la que hay que atender.

  Pretender hacer política sin tener bien definida la función objetivo es una quimera lo que significa que hemos de aceptar que toda política se hace siempre desde algún nacionalismo. También habremos de aceptar que dependiendo del momento histórico la estrategia a utilizar habrá de ser distinta.

  El nacionalismo como opción política puede jugar este papel; puede ser la forma de definir con precisión la función objetivo a tener en cuenta y de diseñar una estrategia de actuación exitosa.

 


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